 |
ZapaMopas |
 |
Robomopa |
La cosa es que a mi me gusta caminar descalza. Cuando no teníamos niños me podía permitir ese lujo, sin por ello ingresar en la tribu de los pies negros, gracias a mi amiga la
Robomopa, un artilugio sencillísimo que en casa estaba sobre-utilizado.
Cuando los niños empezaron a gatear pensé que era hora de hacerla volver a trabajar, pero entonces los pekes la perseguían como gatitos. ¿Usarla mientras duermen? ¡Que barbaridad! Las horas de dormir eran sagradas, si daba la rara casualidad de que los dos dormían a la vez, ni se nos ocurría hacer nada que pudiera alterar su sueño. Después crecieron, y no hubo forma de convencerles de que no era una pelota. Ensayaban su recién adquirida habilidad de lanzar cosas y... no, la Robomopa no superó tan exigente prueba de calidad...